Gómez en la Historia

EL GENERALÍSIMO FRENTE AL CAPITÁN GENERAL ESPAÑOL

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Durante 1897 el Generalísimo, con la activa participación de destacados oficiales, avileños entre ellos, como el general José Gómez Cardoso, los coroneles Simón Reyes, Nicolás Hernández y el capitán Manuel La Hera, se movía continuamente, imponiendo la efectividad de su táctica de guerra irregular en la famosa Campaña de la Reforma.

Desde enero de 1897 hasta el 18 de abril del año siguiente el General en Jefe tuvo más de cincuenta campamentos en un reducido espacio del territorio avileño.

El general Ramón Blanco, en su propósito de obtener la capitulación de las fuerzas cubanas, concibió un plan dirigido principalmente hacia el General en Jefe del Ejército Libertador, quien ya el 13 de noviembre de ese año 1897 había lanzado una proclama contra la autonomía y en ese mismo mes le había escrito a Blanco advirtiéndole que España reconociera la República de Cuba o “[…] de lo contrario, fuego y sangre nos manda nuestro honor y decoro […]”.

La importante misión capituladota fue asignada por el Capitán General personalmente a su segundo al mando, el general Pando, jefe del Estado Mayor General del Ejército.

Muy astutamente, el general Pando se trasladó hacia Ciego de Ávila en varias oportunidades, en una de las cuales permaneció del 25 al 30 de enero de 1898. Allí utilizó a civiles de la zona para que trataran de establecer contacto con los jefes mambises, principalmente con Máximo Gómez, y pusieran en su conocimiento los propósitos españoles de iniciar conversaciones con ellos.

Entre los empleados para este fin se conoce que estuvieron José Manuel Gutiérrez, Rosa Ortega, Inés de la Cruz y Joaquín Veloso, a todos los cuales les fueron confeccionados pases manuscritos para que pudieran transitar sin dificultad alguna por los territorios ocupados por las tropas españolas; incluso los de los tres primeros fueron firmados por Pando como General Jefe del Estado Mayor General y fechados en Ciego de Ávila el 2 de diciembre de 1897.

En la misión hubo participación de la jefatura de la División de la Trocha, tal como lo hace suponer el pase manuscrito otorgado a nombre de Joaquín Veloso, fechado en Ciego de Ávila el 22 de diciembre, firmado por Miguel Juravo, capitán del Estado Mayor de la referida unidad militar, y oficializado con el cuño de ese mando.

Cipriano Suárez Salcedo, español radicado en la localidad, en la que había sido alcalde hasta 1895, y en cuyo expediente al servicio del colonialismo español estaba la solicitud ___ en tiempos de la Tregua Fecunda___ de cancelar el derecho al voto de varios patriotas avileños, entre ellos a José Gómez Cardoso, Justo Sánchez Peralta y José Amador y Pío Cervantes, tuvo activa participación en tan delicada tarea, tal como lo indica una nota del 5 de febrero de 1898 a él enviada desde Júcaro por el comandante español López Sopeña. El pie de firma de este oficial, con la aclaración de Comandante Ayudante, aparece en los mensajes oficiales que en clave y con carácter urgente fueron enviados a fines de 1897 y también a inicios de 1898 desde Ciego de Ávila al general Ruiz en Arroyo Blanco.

En el campo insurrecto el Generalísimo se mantenía muy atento para hacer fracasar el meticuloso plan. En carta del 10 de enero de 1898 enviada al general mambí Javier de la Vega, con su estilo peculiar le expresó: “Por dos ocasiones y distintos conductos he recibido avisitos, mandaditos de Pando para una conferencia y yo lo estoy dejando á [sic] ver si se atreve y le sucede lo mismo que á [sic] Rius en la Habana  [sic]”.

Al mes siguiente, el Generalísimo, a la vez que le comentó a Javier de la Vega sobre el estado de las fuerzas mambisas en la zona donde operaba, le definió en pocas palabras su valoración de nuestras tropas y del enemigo en esa fecha:

“Por estas comarcas como en las de todo el Departamento gozamos  [sic] de inmejorable situación. Las fuerzas se reponen, su organización es buena y tienen el mejor espíritu y disposición para la resistencia ventajosa de un enemigo ya flojo y cansado”.

Luego de analizar con detenimiento lo perjudicial que para la causa independentista resultaban las maniobras que realizaba el alto mando político-militar español, el Generalísimo tomó la decisión, tal como era costumbre en correspondencia con su firmeza de principios e intransigencia política, de cortarlas de raíz, en esta ocasión mediante la orden de fusilamiento de todo aquel que, tras ser advertido el mando español, se presentara en el campo insurrecto enviado con propuestas indecorosas.

En la mañana del 29 de marzo se cumplió con firmeza en tierras avileñas, al oeste de la Trocha, por primera vez en esa orden.

El teniente coronel Leopoldo del Calvo, entonces Jefe de Comunicaciones del 4to. Cuerpo del Ejército Libertador al oeste de la Trocha, informó ese día:

General: le participo que el pacífico de Ciego de Ávila, Narciso Menéndez, que con pliegos que contenían proposiciones indecorosas para nuestro honor como cubanos y revolucionarios, ha sido ejecutado en la mañana de hoy, quedando cumplida la justicia de nuestra causa y con ella su orden expresa de fecha de ayer. Lo que comunico en cumplimiento de mi deber, uniendo mi aplauso a la medida que corta de raíz toda esperanza de componendas a nuestros enemigos.

Tres días después, el Generalísimo conocedor del notable efecto político que traería la radical medida, tanto en las filas de los independentistas y de sus amigos en todo el mundo por la decisión de independencia que simbolizaba, como en las filas de los colonialistas españoles y sus cómplices, los traidores cubanos de las guerrillas y de las filas autonomistas, ordenó a Leopoldo del Calvo: “Establezca, como jefe autorizado relaciones con el Mundo en provecho de Cuba. / Todo lo de Blanco y Pando, el ajusticiado, su carta de Usted cumpliendo mis órdenes, todo eso lo mando publicar. Que lo sepa todo el Mundo, pues sólo el crimen trabaja en la sombra.” El plan español no logró su propósito.

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