DestacadasEducativas

El Reino del olvido

Compartir en

Me tienta el oloroso aroma a café que se siente en toda la casa. Apenas tengo tiempo de beber un sorbo. Salgo de manera apresurada para no perder mi transporte hacia la universidad. Por minutos que parecían segundos, el mismo partió sin mí.  Comienzo una caminata para dirigirme a la “curva de Vista Hermosa”, un trayecto algo largo desde mi casa, y allí alcanzar otro vehículo para llegar temprano a mi destino.

Por el camino, aunque apurada, voy saludando a quien se cruza a mi paso. ¡Buenos días! –digo con una sonrisa en el rostro. ¿La respuesta? Un silencio eterno. Pienso que tal vez las personas están tan atrasadas como yo y quizás no se dieron cuenta de mi cordial saludo. Intento nuevamente: –¡Buenos días! – Y no hubo cambio alguno. ¿Seré invisible acaso? Me pregunté mientras meditaba y continuaba mi paso.

Al llegar, una joven me saluda. Es increíble, llevaba cuadras atravesando un mar de personas y finalmente alguien me ha respondido. Juntas tomamos un carro que iba hacia la universidad y pude lograr mi objetivo principal en ese momento: arribar temprano. Esta experiencia pudiera parecer ficción, pero el hecho más preocupante es que no lo es.

La verdad es que con los años y a las puertas del siglo XXI no solo dejamos nuestros recuerdos sino también nuestra correcta conducta social. Muchas personas se equivocan al pensar que solo los niños, adolecentes y jóvenes padecen de este mal; sin embargo, el fenómeno no reconoce edad alguna. Una persona  mayor o de edad avanzada incurre en esta falta de igual modo. Lo importante del hecho no se trata de realizar una cacería para saber quienes lo hacen con mayor frecuencia sino cómo podemos detener su propagación.

En su libro El Reino de las BUENAS MANERAS, y escrito en letras mayúsculas las dos últimas palabras, Emma Cárdenas Acuña nos deja una clase magistral de educación formal y buenas conductas. Es una mina de oro para la sociedad cubana actual, no podemos ser un pueblo culto sin antes tener a la cortesía como base de las relaciones sociales, tal y como aparece en el libro. De acuerdo con el pensamiento martiano, “La urbanidad en la forma no excluye la vehemencia en las convicciones: la forma cortés se impone”. Entonces, por qué olvidar frases tan cálidas y necesarias como “buenos días”, “gracias”, “disculpe”, entre otras. Tal vez, sin proponérnoslo, hagamos mejor el día de la otra persona. Una sonrisa amable y sincera cura el alma. Dejemos entrar a ese enanito de Silvio Rodríguez para que limpie lo sucio y traiga lo bello a nuestra sociedad. Seamos un pueblo donde reinen las BUENAS MANERAS.

Comment here

*