Política y Sociedad

En Girón se creció el pueblo cubano

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En abril, 58 años atrás, las armas cubanas, bajo la certera guía del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, propinaron una contundente derrota al imperialismo norteamericano en las arenas de Girón. Aquellas fueron tres jornadas épicas, en las cuales el águila norteña sufría su primera gran derrota en tierras de América Latina.

Por un punto del sur cienfueguero del Caimán antillano, financiados, organizados, armados y preparados por la Agencia Central de Inteligencia yanqui, desembarcaron, en la madrugada del cuarto mes de 1961, los mercenarios que integraban la Brigada 2506, con el marcado fin de establecer una cabeza de playa para, inmediatamente, solicitar la intervención de fuerzas de ese país, y restablecer el viejo orden que imperaba en la sufrida Isla caribeña.

Como reza la añeja sentencia, el tiro les salió por la culata. No fueron capaces ni sus amos ni los invasores de calcular el poder de la moral, la dignidad y el valor a toda prueba de los agredidos, quienes, con pocas armas e incipiente instrucción, les hicieron frente, los rechazaron y los vencieron.

Hay que recordar y reiterar, para que lo reafirmen en su mente las generaciones, que, desde el mismo triunfo de la Revolución, comenzaron los ataques al naciente proceso que tenía lugar en Cuba. Entonces, hubo de todo un poco: conspiraciones, organizaciones contrarrevolucionarias, bandidaje, sabotajes, intentos de asesinatos de los principales líderes.

De triste recordación son, entre otras, las explosiones que acompañaron la realización, en la capital cubana, de la Convención Internacional de Agencias Turísticas, con el saldo de dos civiles fallecidos y más de 45 lesionados; y el sabotaje al vapor francés La Coubre, que dejó 70 muertos y más de 300 heridos. La lista la engruesan la rebaja de la cuota azucarera, las interferencias para impedir el normal suministro de petróleo, y el cese de las relaciones diplomáticas.

Sucede que, tras el amanecer de enero de 1959, la Revolución comienza a materializar el Programa del Moncada y, por ende, a solucionar los principales problemas del pueblo cubano, relacionados estos con la salud, la educación, la vivienda, la eliminación del desempleo, y de lacras como la prostitución, la drogadicción y, por supuesto, la explotación a que eran sometidos por igual hombres y mujeres, estas últimas, también discriminadas, entre otras muchas medidas.

Ante la arremetida imperialista, Cuba radicaliza sus acciones con medidas concretas, como fueron las nacionalizaciones de las compañías de Electricidad y Teléfonos, de varias firmas petroleras y más de una treintena de centrales, y, también, de las compañías industriales y comerciales pertenecientes a la burguesía cubana, los bancos; y es promulgada la Ley de la Reforma Urbana.

O sea, que la secular “tacita de oro” se le estaba yendo de las manos al imperio, a pesar de la puesta en práctica de numerosos programas de diversos órdenes. Y esto, según ellos, había que pararlo. Es así que se fragua la invasión, que tuvo como preludio, el 15 de abril, el criminal y artero bombardeo a tres bases aéreas cubanas: San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad, de La Habana; y el aeropuerto Antonio Maceo, de Santiago de Cuba.

Al día siguiente, en el entierro de las víctimas, Fidel alerta al pueblo y declara el Carácter Socialista de la Revolución cubana, lo que fue aprobado, con los fusiles al alto y a viva voz, por miles de milicianos.

El 17, en horas de la madrugada, se produce la invasión. De inmediato es ordenada la movilización de los batallones de combate. Hombres y mujeres humildes, salidos de las entrañas del pueblo, respondieron sin dilación al llamado del Líder de la Revolución y de la Patria. Dieron el paso al frente no solo por sus vidas, sino por la justeza de las ideas a defender.

Y sí. Los combates fueron cruentos, sin cuartel, con el estímulo de ver a Fidel allí, en el teatro de operaciones, el primero junto a su pueblo. Solo bastaron algo más de 66 horas para hacerles morder el polvo de la derrota. Derrota que, además de advertencia, fue, para los invasores y sus tutores, un desastre militar y una vergüenza política.

Bien vale la pena recordar la composición de la Brigada Mercenaria 2506: eran 1 511 hombres, dotados de aviones, armas modernas, blindados, artillería, medios de transporte y de comunicación, pertrechos y avituallamientos de todo tipo. Sin embargo, tenían la conciencia totalmente hueca, vacía.

De ese total, 110 eran latifundistas; 24 grandes propietarios; 112 grandes comerciantes; 67 eran casatenientes; 179 pertenecían a la burguesía media; 194 eran exmilitares y esbirros batistianos; 112 eran lúmpens; 82 altos empleados.

¿Cuál fue su final? 314 quedaron en el intento. El resto, 1 197, incluyendo a los heridos, fueron hechos prisioneros. La mayoría, aquellos que no tenían deudas con la justicia cubana, se canjearon por alimentos y medicinas.

En contraposición, las fuerzas cubanas estaban en distintos niveles de desarrollo político e ideológico: por ejemplo, el 40 por ciento eran obreros y campesinos, el 32, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior.

Hubo 170 muertos y más de 300 heridos, de ellos, unos 50 quedaron incapacitados y/o mutilados.

Entre los combatientes que defendieron en las arenas de Playa Larga y Playa Girón el futuro de la Patria se encuentran unos 60 avileños, cinco de los cuales engruesan el martirologio de esta provincia: Santiago Rojas Salinas, de Baraguá; Inocente Palacio Baró, de Majagua; Donatilo Iselín Arencibia, de Chambas; Macario Guevara Carvajal, de Chambas; y Julio Luis Rodríguez González, de Ciego de Ávila.

En el discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en ocasión del XXV aniversario de la Victoria de Girón, el Líder de la Revolución Cubana aseveró:

“De Girón se pudieran sacar muchas lecciones. Sería imposible enumerarlas todas. No pretendo eso, pero sí quiero señalar algo que, aunque lo he mencionado en otra ocasión, no por ello debe dejar de repetirse un día como hoy. La importancia de Girón no está en la magnitud de la batalla, de los combatientes, de los hechos heroicos que allí tuvieron lugar. La gran importancia histórica de Girón no es lo que ocurrió, sino lo que no ocurrió gracias a Girón.”

Tomado del Periódico Digital Invasor

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