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Evita ser clonado, se tú mismo.

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Regalo de sábado para la Comunidad Universitaria Avileña:

La identidad personal no es solo la huella irrepetible en el pulgar, resulta mucho más que eso, es la hermana gemela de la autoestima y la madre de nuestra condición humana. Sin ella nuestro lugar en el mundo estaría relegado a la función de copia, sin que jamás nadie pudiera reclamar para sí el mérito de ser original.

Un viejo adagio tiene la sabiduría de una sencilla definición: Cada persona es un mundo; algo tan real como las rocas. Pero ¿todas las personas amamos y alimentamos permanentemente la identidad que nos diferencia? No siempre sucede y muchas veces el mimetismo o la tendencia a seguir patrones foráneos nos invade como un virus silencioso que va ocupando el espacio de nuestro yo; para intentar clonar dentro de él, los gustos, las preferencias, las aspiraciones y las metas de alguien ajeno.

La mayoría de las veces el copiado sucede con el consentimiento de la persona, que lo busca y lo propicia en su afán de parecer distinta, de estar a la moda aunque la moda en nada le ayude, de ganar la competencia banal de las apariencias y escapar de un mundo interior empobrecido, que se quedó como la planta mustia en espera del agua que la habría puesto fuerte. Poco a poco, el mal se extiende y el secreto gustoso de la originalidad se pierde, el alma se transforma en un espejo donde borrosamente se refleja otro ser.

De nuestros ojos hacia dentro debemos aprender a mirar con mayor agudeza, a razonar sobre lo que somos y lo que es más importante, lo que podemos ser. Nuestros gustos, costumbres, planes; los fines que nos hemos propuesto para el minúsculo tiempo que nos ha otorgado la vida, han de llevar el sello particular que nos distinga. Es necesario comprender que cada ladrillo individual arma la identidad indestructible de la nación.

De nada nos serviría una portentosa modernidad o una apariencia lujosa, si tras ello sucumbe lo autóctono y en lugar de las cosas que hoy nos llenan de orgullo ante el mundo, pasamos a simple bazar o insípida vitrina donde se muestre la superficie de una cultura moribunda.

No gastemos nuestras energías en desterrar la risa que nos divierte, la broma que nos levanta el ánimo, la forma de querer o ser queridos; los defectos, esos que luchamos por vencer pero que son al fin nuestros defectos; los temores, que a fuerza de encubrirse no se extinguen, los desconocimientos y los errores que nos hacen humanos.

Tenemos todo el potencial para sentirnos diferentes, respetando a los que también resguardan sus diferencias. Hemos de andar por la vida sabiendo que el futuro es una armazón por ensamblar y las piezas se ocultan en cada acto del presente, hagamos de nosotros mismos el reto más alto, la cumbre a la cual debemos llegar para sentirnos en verdad satisfechos.

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