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Fidel y el Derecho

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El pensamiento de Fidel Castro es un legado de dignidad y honor que Cuba no puede abandonar jamás. El mundo entero se encuentra conmovido por la lamentable pérdida del líder histórico de la Revolución Cubana, pero sin lugar a dudas ha sido una pérdida sensible para el sector jurídico de nuestro país.
Fidel en septiembre de 1945 matriculó en las carreras de Derecho y de Ciencias Sociales y Derecho Diplomático en la Universidad de la Habana y aparejado a la vida política se desempeñó siempre como con un erudito abogado que puso sus conocimientos al servicio de la lucha por el socialismo revolucionario.
¿Qué jurista no quiere seguir su ejemplo? ¿Qué jurista no se emociona con la lectura del Alegato de Autodefensa La Historia me Absolverá? Desde la época de pregrado, al analizar este material todos nos conmovíamos una y otra vez por tanto derroche de profesionalidad, por como de una manera tan clara como solo los sápidos lo logran pudo hilvanar en un solo texto los problemas que aquejaban al país, por la fuerza de las palabras y de la histórica frase: Condenadme, no importa, La Historia me Absolverá.
Antes del glorioso triunfo del primero de enero de 1959, aparejado a la lucha en la sierra, Fidel siempre defendió el restablecimiento de la Constitución de 1940 y la creación de un sistema más justo que erradicara la desigualdad existente. Teniendo en cuenta que el derecho es el orden normativo e institucional de la conducta humana en sociedad inspirada en postulados de justicia y certeza jurídica, llama la atención el vínculo de Fidel y el Derecho como ciencia a lo largo de toda su vida.
Su quehacer en el Derecho fue útil para Cuba y el resto del mundo, razón por la cual Universidades como Lomonosov, en Moscú y la Universidad de Carolina de Praga le otorgaron el título de Doctor Honoris Causa en Ciencias Jurídicas de esos centros de altos estudios. También la Universidad de Teherán el 9 de mayo de 2001 le concedió el Doctorado Honoris Causa en Leyes y Ciencias Sociales y el fundamento de tal entrega fue el compromiso de toda la vida en la lucha contra la injusticia.
Si hablamos de grandes juristas tendríamos que mencionar a Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Julio Antonio Mella, pero sin dudas el legado de Fidel Castro, Fidel el abogado, es inmenso, y es la hora de que todo el gremio se ocupe de continuar su obra, a los juristas que no nos tocó tomar las armas, nos corresponde cumplir con el deber, ser cada día más responsables, profesionales y revolucionarios, y tener en cuenta que Revolución también es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.

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