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Fuera del cine

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Cada año ocurre un fenómeno que azota al mundo, y no hablamos precisamente de los monzones el Niño y la Niña.

En todo el planeta se hacen más frecuentes los casos de emigración. Desde el continente europeo hasta las Américas existen nubes de personas que se trasladan fuera de sus países en busca de mejoras económicas y muchas veces políticas. Está el caso, además, de los países que se encuentran en guerra, lo cual representa un grave peligro para sus vidas y trasladarse hacia un lugar más seguro parece ser una vía prometedora. Muchas personas buscan asilo y refugio político en otros países alejados del conflicto y permanecen allí hasta que este termine. Familias enteras han quedado separadas por un inmenso océano, e incluso tierras que delimitan un país de otro, todo con un único objetivo: sobrevivir.

En disímiles ocasiones observamos a través de los programas informativos de la televisión cómo muchas personas son masacradas en el intento, asesinadas a balazos y hasta devoradas por bestias marinas. Es común que podamos ver imágenes de barcos africanos atestados de personas en el intento por llegar a tierras del viejo continente. Son pequeños barcos o chalupas que no tienen capacidad para mucho personal; sin embargo, las imágenes muestran lo contrario: un desafío a la física sin precedente alguno.

Hace unos meses tuve la oportunidad de ver una película italiana que se transmitió por la televisión nacional, me conmovió mucho la fotografía. Lejos de mostrar una estética perfecta, fiel característica del cine contemporáneo, dejaba ver sin rodeos qué sucede realmente en esas embarcaciones cuando naufragan en medio del mar y se encuentran distante de civilización alguna. Sin agua suficiente y condiciones completamente anti-higiénicas, nos recordaría al traslado de ganado de un sitio a otro, todo amontonado y heces por todo el lugar. Cuando vi aquellas imágenes, pensé que sus vidas deben ser peor que ese mar interminable y peligroso. Tuve en cuenta que provenían del Norte de África, donde existen muchos países con elevados índices de pobreza, hambruna y enfermedades. Asimismo, la promesa de mejorar económicamente siempre resulta tentadora, sobre todo para quienes nunca han probado una bocanada de felicidad.

Donde existen necesidades, miseria y otros problemas que deben afrontar estas personas, existen también otros que se aprovechan y terminan por engañarlos. Siempre que hay una dificultad aparece milagrosamente “el Salvador”, personas sin escrúpulos que se benefician del dolor ajeno, bajo el lema de brindarles un viaje seguro hacia la tierra prometida.

En el cine hay cientos de películas que reflejan esta cruda realidad, pero aun así considero que no existe una conciencia creada. Gobiernos y pueblos deberían unirse para lograr una solución eficaz. Hoy nos asombra la situación del Norte de África, pero también en nuestro precioso continente sufrimos este flagelo que cobra anualmente miles de vidas. El planeta necesita cambios, necesita una luz de esperanza, no puede ser el dinero quien reine por encima del hombre que lo creó, no puede haber niños con hambre mientras se malgasta tanto capital en guerras sin otro objetivo que el del poderío petrolífico. Los países deben trabajar en conjunto con la Organización de Naciones Unidas para lograr de este modo que no exista pobreza extrema, para que los niños tengan sus derechos y dejen de ser tristes y desnutridos.

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