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Fundador de la Revolución Cubana

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El domingo 18 de abril de 1819, en la villa de San Salvador de Bayamo en el Oriente de Cuba, doña Francisca de Borja López y Ramírez de Aguilar (nacida en Puerto Príncipe) daba a luz al primogénito de su matrimonio con Don Jesús María de Céspedes y Luque (nacido en Bayamo). Al pequeño se le pone por nombre Carlos Manuel Perfecto del Carmen de Céspedes y López del Castillo.

De regreso a Bayamo hace sus primeras letras en una escuelita atendida por una mujer casi anciana. Leer, escribir y el catecismo fueron los frutos de aquella enseñanza inicial. Luego pasó al Convento de Nuestro Seráfico Padre donde fue acogido por los frailes como un discípulo. En 1829, con diez años de edad, entra al convento de San Domingo; donde estudia Latinidad y Filosofía. También, durante otros dos años, estudia Gramática Latina en el convento de San Francisco, de la propia ciudad. Según consta en su expediente universitario fueron muy altas las calificaciones de estos primeros estudios.

Realiza sus estudios superiores en la Universidad de La Habana donde se gradúa de en Bachiller en Derecho civil, en la Universidad de Barcelona obtiene el título de Lic. en Derecho y más tarde de Doc. en Derecho.

En 1842 regresó a Cuba y se estableció como abogado en Bayamo. Su bufete alcanzó renombre, y ello le facilitó el acceso a los cargos públicos al alcance de los cubanos. Fue síndico del Ayuntamiento de Bayamo en 1849. Se señaló por su creciente oposición al gobierno español; entre 1852 y 1855 sufrió la represión colonial en tres ocasiones: lo deportaron a Santiago de Cuba y a Palma Soriano, confinado cinco meses en el Morro santiaguero y desterrado a Baracoa, en el extremo más oriental de la Isla.

Era un hombre de vasta cultura; hablaba seis idiomas. Desde la edad de once años empezó la tarea de traducir, por ejemplo, los cantos de La Eneida del latín; hizo una excelente traducción. Había estudiado latín, griego, inglés, hablaba perfectamente el francés y el italiano.  Eso le permitió, cuando concluye su carrera en Barcelona titulándose de Abogado del Reino, realizar un largo viaje que lo lleva a Inglaterra, Francia, Italia, Turquía…

Era un excelente equitador, buen esgrimista, practicaba la gimnasia y la natación, un jugador de ajedrez que solía a veces terminar las partidas de espaldas, por su conocimiento del tablero. Era un orador apasionado.

Es también un poeta.  Y hay que ver cómo influyó la poesía y la literatura en la forja de un sentimiento nacional: Heredia, la Avellaneda; los que rodean a Céspedes, José Fornaris, Francisco Castillo, son poetas.  Ellos tres van a ser los creadores de La Bayamesa, que se cantó al pie de la ventana de una muy bella bayamesa y que constituye La Marsellesa de los cubanos. entre sus actividades como promotor y escritor se destacó por ser el autor del drama El conde de Montgomery y de numerosos poemas. Tradujo del francés El cervecero rey, de D’Arlincour, y Las dos dianas, de Alejandro Dumas.

Se ocupó además de los negocios agrícolas y amplió sus relaciones e influencia con la población rural del oeste de Bayamo, donde se hallaban muchas de las tierras familiares, así como en la ciudad costera de Manzanillo.

En su ciudad natal fue director de la Sociedad Filarmónica y de su Sección de Declamación de Declamación; organizó bailes y campeonatos de ajedrez. En 1849 fue síndico del Ayuntamiento de Bayamo.

Céspedes, como Maceo, no fumaba ni bebía; jamás se le oyó decir una frase descompuesta ni una ofensa.  Era fino y cortante como un cuchillo en las discusiones políticas y nunca un contendiente vulgar. Solamente en las secretas páginas del diario es capaz de usar los términos más duros.

El iniciador de la guerra magna de la independencia y el primer presidente de la República de Cuba en Armas, también fue Mayor general del Ejército Libertador de Cuba y se comportó como un soldado consecuente y un revolucionario irreductible al enfrentar con las armas al enemigo numeroso que lo conminaba a la rendición y a darse preso el día de su muerte en combate.

Contaba con el heroísmo de los cubanos para consumar la independencia y con la virtud de sus coterráneos para consolidar la República, cuando en 1869 fue nombrado Presidente. A sus seguidores, que no eran pocos, les prometía abnegación y con su propia vida dio pruebas del cumplimiento del compromiso adquirido, en el sacrificio y la renuncia al poder y el bienestar material.

Para Eusebio Leal, la grandeza de Céspedes reside en su condición humana. Era irascible y de genio tempestuoso y entre los sacrificios que le impuso la Revolución, el más doloroso – como lo confesó por escrito – fue el de su carácter. Sin embargo, esa naturaleza voluntariosa y enérgica lo llevó también a la osadía de lanzar la clarinada independentista.

Finalmente, sus biógrafos apuntan que contrae nupcias en 1839 con su doble prima hermana, María del Carmen Céspedes y del Castillo. Tiene con ella tres hijos de nombre María del Carmen, Carlos Manuel y Oscar. Todos ellos de apellidos Céspedes y Céspedes. Una vez que enviudó 1868 de María del Carmen estableció una relación amorosa con la joven Candelaria Acosta Fontaigne del que nacieron Carmita Céspedes y Acosta y Carlos Manuel de Céspedes y Acosta. El 4 de noviembre, Carlos Manuel de Céspedes contrae segundas nupcias con Ana de Quesada y Loynaz, hermana de Manuel de Quesada y Loynaz, tiene con ella tres hijos, Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, Gloria Dolores de Céspedes y Quesada y Oscar de Céspedes y Quesada.

Céspedes y todos los que participaron en las luchas por la soberanía e independencia de Cuba fueron hombres y mujeres como nosotros. Lo que ocurre es que en el momento que los llamó el destino, por su propia determinación o por las circunstancias, se convirtieron en hombres y mujeres excepcionales.

 

 

 

 

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