Por una Universidad XL

Nancy García Álvarez, carisma y profesionalidad

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En el marco de las celebraciones por el aniversario XL de la universidad, se desarrollan un grupo de publicaciones en el periódico digital El Generalísimo, que tiene como objetivo homenajear profesores fundadores de destacada trayectoria. Tal es el caso de la Dr. C. Nancy de la Caridad García Alvarez , la profesora que hoy miramos con cuarenta y cinco años de trabajo, que dejan una huella en la formación de varias generaciones de profesionales, y a la vez ejemplo de todos los que la conocen por su carisma y profesionalidad. Es una realidad de que continuará con su faena gracias a su incasable y práctico espíritu laboral, lo que hace de la entrevista un reconocimiento a su labor y también a su trabajo como secretaria de la comisión de grado científico por más de veinte años.
¿Cómo fue su inicio en la universidad?
Soy Licenciada en Química por la Universidad de La Habana en el año 1972. Recién graduada, en 1973 comencé a trabajar en la facultad de agronomía, que tuvo muchos nombres, pero que en aquel entonces radicaba en la Finca Lenin en la empresa de Cítrico de Ceballos, adjunta a la universidad de Camagüey, primera de su tipo posterior al triunfo de la Revolución.
Ya se estaban preparando las condiciones en Ciego de Ávila para la división político administrativa que se realizó en 1975, y la universidad estaba en ese contexto. Se decidió entonces, por las características de los suelos fértiles y agua suficiente propicias para la rama de la agricultura, que la especialidad agrícola de la educación universitaria pasara a Ciego de Ávila, mientras que la pecuaria se mantuviera en Camagüey.
Mis inicios fueron con un grupo de jóvenes, imagínense, todos relacionados con la agronomía, y la única química era yo. Siempre he dicho que me sentía como un huevo de pato en un nido de gallina, en el mejor sentido, porque yo estaba un poco fuera de contexto en los temas que se hablaban, aunque con el tiempo comprendí la estrecha relación que tienen ambas ciencias. Claro, yo provengo de una familia de origen campesino, y la agricultura no era algo desconocido, y aunque no era mi formación siempre me gustó esa ciencia.
El grupo de investigación relacionado con el cultivo de los cítricos liderado por el ingeniero, en aquel entonces, hoy Dr. C.  Carlos Borroto Nordelo, fue mi primera experiencia profesional. Las clases comenzaron a partir del tercer año, y en mi caso impartí docencia y prácticas de laboratorio. Es necesario acotar que las condiciones en que se comenzó a trabajar eran de gran simplicidad, como una escuela al campo en condiciones difíciles, por ejemplo el comedor era de guano, existía un solo ómnibus para trasladarnos y cuando se rompía, había que caminar más de un kilómetro a pie, a veces hasta con fango, pero existía una gran disciplina y rigor con el trabajo, nunca se perdió ninguna actividad.
La facultad se trasladó posteriormente a la filial pedagógica que estaba en Ceballos con una infraestructura más favorable. Coincidimos con los compañeros del pedagógico que tuvieron también sus primeras incursiones en ese momento. Un tiempo después nos trasladaron al preuniversitario conocido como ceballo once hasta la terminación de las instalaciones de lo que es hoy nuestra universidad.
Nos mudamos para acá en el año 1977, que no estaban las estructuras que hoy disfrutamos, había solamente un docente y poco a poco se fue ampliando con el paso del tiempo.
¿Qué particularidades tuvo su desarrollo profesional a partir de este momento?
Comenzamos con la apertura de tres carreras universitarias: Agronomía, Riego y Drenaje y Mecanización de la Producción Agropecuaria en dos facultades. En mi caso pertenecía al departamento de fitotecnia en la carrera de agronomía. En el año 1878 se instituye la universidad como Instituto Superior Agrícola de Ciego de Ávila y soy nombrada jefa de departamento de química en la misma facultad. Tuve la dicha de contar en ese momento con un colectivo lleno de profesionalidad, honestidad y honradez, éramos una familia, nunca perdimos un turno de clases, hacíamos ciencia con conciencia. Llegamos a tener en aquel momento veinticuatro grupos de clases prácticas, seminario y laboratorio en el primer año. La superación fue un elemento importante y tratamos de que todos lo hicieran en alguna medida. Si se mira mi currículo se  aprecia todas las asignaturas que cursé para adentrarme en la especialidad agronómica y así lo hicimos todos los que nos iniciamos.
¿Cuál fue su mejor experiencia de esta primera etapa?
En el año 1980 tuvimos acá una gran inspección,  lo que se conoce hoy como proceso de acreditación. Yo era todavía jefa de departamento y tuve que dar una clase metodológica a mis profesores ante los metodólogos nacionales que nos visitaban. La calificación fue de cinco puntos, estuvieron discutiendo la nota media hora, y aquello nadie lo podía creer, me abracé al decano y le decía: ¡oye yo cumplí! Por mi mente no podía pasar lo que estaba viviendo, era muy joven y mi formación no era pedagógica. Días después recibí una carta de felicitación del ministerio por ser la primera en obtener esa calificación en un centro agropecuario.
Este acontecimiento me valió para ocupar después el cargo de vicedecana docente de la facultad por un tiempo de ocho años y medio. En este cargo me desempeñé lo mejor que pude y organicé todos los procesos. A la distancia de los años, lo recuerdo como la etapa de mayor entrega y dedicación por la  cantidad de estudiantes que teníamos. Soy muy apasionada en todo lo que hago y puedo afirmar que llegué a conocer las individualidades de todos mis educandos. En ese trabajo se me presentaron muchos problemas familiares, mis padres comenzaron a envejecer y por la responsabilidad que tenía, me veía en la necesidad de venir hasta la universidad algunos domingos…
¿Qué ocurrió después?
Después de este momento hay un cambio de estructura en la institución, desaparecen las facultades y solo quedan departamentos grandes. En ese contexto llega el momento de la defensa de mi tesis en opción al grado científico de Doctora en Ciencias Agrícolas por la Universidad Marta Abreu de las Villas en el año 1989, y fui liberada tres meses para la preparación. Momento crucial en mi vida fue realizar la defensa ante un tribunal de 15 doctores en La Habana. El proceso lo cumplí con la calidad y el plazo establecido.
Antes de la defensa había comenzado a trabajar en la vicerrectoría docente con el Dr. C. Elme Carballo hasta el año 1996. Aquí me dieron la tarea de la organización y planificación del proceso docente educativo en toda la universidad, y fue una etapa donde valoraron mucho mi trabajo y me dieron algunas alternativas cuando se me presenta la enfermedad de mi papá, ya entrado en años.
¿Cómo trascurre su quehacer después del año 1996?
En esta fecha queda nombrada la institución como Universidad de Ciego de Ávila y se crea la Comisión Nacional de grado científico. Se solicita entonces a nuestra casa de altos estudios que se le otorgue una categorización para poder realizar doctorados acá. En tanto se crea la comisión de grado de la universidad presidida por Carlos Borroto Nordelo y decidieron que fuera la secretaria de dicha comisión. Cargo que ostento hasta la actualidad porque desde entonces no ha habido otra. Aspiro a que las nuevas generaciones aprendan sobre mi labo,r y estoy segura de que pueden hacerlo bien.
Durante esta etapa me he desempeñado también atendiendo el área de posgrado a la que estuve vinculada por más de10 años.
Para el año 2006 ya mi papá había fallecido, y mi mamá que había sido mi puntal estaba debilitada por la edad. Yo me siento bendecida por haber tenido los padres que tuve. No pude complacer a mi padre con su sueño de mi realización en la abogacía, pero por lo que me incliné traté de hacerlo de la mejor manera. Soy única hija y por la coyuntura familiar pedí la liberación para cuidar a mi mamá, la decisión no tuve que pensarla, no me iba a desvincular del todo de mis tareas pero sí tenía que priorizar el cuidado de mi madre. Preparé un profesional que asumió muy bien mi cargo.
Un tiempo después me reincorporo y asumo la docencia con la asignatura Calidad del Agua en la carrera de Ingeniería Hidráulica, y retomo mi cargo como secretaria de la comisión de grado científico.
En mis clases me caracterizo por hablarles a los estudiantes sobre los tiempos pasados, sobre temas de la Historia de Cuba. Creo que este carácter jovial que tengo lo heredé de mis padres, porque provengo de una familia que las habrá igual pero no mejor, fui criada con humildad pero con ansias de superación.
¿Cómo se siente en el marco de las celebraciones por el aniversario XL?
Yo me emociono cuando escucho hablar de la universidad. Hace unos días vi un video que subió a Facebook un periodista y al ver los comentarios lloré de satisfacción y emoción porque creo que hay comentarios sobre valorados, pero después pienso que no, que el pedacito pequeño que nos tocó hacer en la sociedad se hizo bien, y que uno no pasó por la vida sin saber que pasó. He tenido el honor de vivir todas las etapas de esta universidad desde su fundación, y eso me llena de regocijo. Me gustaría que me recordaran como una buena profesional, pero sobre todas las cosas como una buena persona.

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