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Palabras de consuelo

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Todos hemos pasado alguna vez por momentos difíciles en nuestras vidas: la pérdida de un ser querido, carencia material en algunos aspectos, un examen de culminación de estudios desaprobado, situaciones de índole familiar, entre otras. Sin embargo, ninguna de estas cuestiones hubiese sido tan incómoda con el apoyo de una segunda persona.

El hecho de estar presente para un amigo o familiar, e incluso para una persona que no conocemos, le brinda una luz al final del camino a quien afronta un problema. En varias ocasiones estamos tan ensimismados en nuestro mundo que olvidamos mirar alrededor. Como seres humanos somos un ente social, actuamos y pensamos según ocurran los eventos. A veces duele ver cómo personas tan nobles caen en un abismo sin vuelta atrás por no encontrar ese anhelado apoyo. Incluso, somos consciente o inconscientemente egoístas en ese aspecto: si todo nos marcha bien, olvidamos a aquellos que padecen.

Si nos acercamos a leer alguna noticia del mundo en el que vivimos, hoy, en pleno siglo xxi, la triste huella que dejan las guerras por el poder y la codicia se apodera de los titulares internacionales. ¿Acaso esas personas reciben el apoyo necesario? ¿Tienen la ayuda de los que le rodean? Tal vez la respuesta sea difícil de saber pues estamos tan ajenos a su padecer que no podríamos contestar honestamente. A pesar del esfuerzo internacional, aún queda mucho por hacer. Hay cientos de miles de personas que sufren enfermedades, hambruna y condiciones de vida crítica, y al resto del mundo parece no importarle.

¿Qué pudiéramos hacer, por ejemplo, para consolar a los familiares de los 43 normalistas desaparecidos en México? Pues claro, hacernos eco del llamado a la justicia. Poner nuestro modesto y sincero granito de arena. No hay fotografía más triste que la cara de un niño pobre de grandes ojos negros, parecidos a las canicas con la que otros jugaban felizmente años atrás. No dejemos que la frialdad nos cubra el alma, respetemos a los que sufren y brindemos, aunque desde lejos, nuestras palabras de consuelo.

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