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¿Será demasiado tarde?

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Después de pasar por la vida como sombra insomne, sin mirar hacia otro lugar que el camino que me esperaba adelante, un día cambié mi mirada. Por vez primera desperté de aquel sueño que había robado tanto de mi tiempo. Me percaté que no era la misma persona, que habían desaparecido los colores del cielo. Las nubes azul celeste que por todos los años pasados me acompañaron, desaparecieron. Me importaba la vida… y no solo la mía. Soy culpable de haber estado por más de dos décadas en la Tierra sin hacer nada para ayudar a otros. La vida es un largo camino y solo nosotros podemos decidir hacia dónde queremos dirigir nuestro paso por ella, incluso cuando muchas veces se nos obliga a tomar otros senderos. Tal vez realmente no estuve dormida, tal vez no sabía cómo hacer algo por los demás, algo que realmente marcara la diferencia.

paz-thumb6558723En estos momentos los estereotipos, las diferencias, en su mayoría socialmente establecidas, afectan a nuestra comunidad, a nuestra gran casa global. El racismo lejos de erradicarse se ha incrementado extendiéndose hacia todas las clases, etnias y creencias religiosas. Ejemplo clásico es que al conocer a otra persona siempre nos preocupa saber al “bando” al que pertenece, y hemos creado unas diferencias de tamaño extra. No tenemos la certeza de la existencia de algo; sin embargo, juzgamos a quienes se aferran a creer que el mundo tiene un final feliz. En la actualidad existen tantos criterios en este tema como peces en el mar, aunque esta no es la causa por la cual deberíamos detenernos en la luz roja por más de 30 segundos. Incluso en los círculos religiosos la violencia en todas sus manifestaciones de la palabra ha tomado las riendas del asunto.

No considero que la creencia de un ser humano deba ser perseguida o mutilada. Todos tenemos derecho a tener fe o cualquier sentimiento que mejore nuestro tan sufrido planeta. No debemos sentirnos culpables por creer que más allá del ocaso existe otra vida mejor u hostigar a quien considere que la creación surgió del Big Bang. Todo se trata de ser benevolentes y de entender por primera y última vez que todos nacemos, nos desarrollamos y morimos del mismo modo sin importar el lugar al que pertenezcamos. Si en vez de proyectar ese sentimiento de rechazo a lo diferente concentráramos nuestras energías en unirnos y respetar nuestras “diferencias”, seríamos una verdadera especie “humana”.

A través de la historia leemos cómo la sangre ha pagado el precio ante lo diferente. Recordemos las sanguinarias cruzadas de los caballeros templarios, quienes desde su perspectiva religiosa estaban haciendo el bien; sin embargo, con ellos llevaron cientos de vidas inocentes y todo porque todas las persona no pensaban del mismo modo. Si en este momento les dijese que sería posible lograr que todo ser humano llegase a un consenso en cuanto a su ideología, sin dudas les estaría mintiendo. Con la mayor modestia del mundo les puedo decir que eso no sucederá, pero sí confío en el hombre y la mujer y en su capacidad para resolver grandes dilemas. Espero que en algún momento las personas se unan sin preocuparse por su idiosincrasia o credos.
Cuando vemos los filmes acerca de grandes catástrofes se percibe el hermanamiento entre las personas de todas nacionalidades y creencias. Tal vez desde su ventana cinematográfica los directores de cine nos envían el mensaje de que ante un desastre de esta magnitud no estaremos pensando en diferencia alguna sino en sobrevivir.
Entonces ¿debemos esperar que algún desastre natural o no destruya el planeta para comprender de una vez y por todas que al final todos dejaremos de existir del mismo modo? ¿No será mejor intentar comprender lo necesaria que es la paz para nuestro planeta y para la existencia de todo ser vivo? Cada segundo marca el tiempo que perdemos en esta lucha por lograr la unidad de todos los que la habitan.

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