Una Constitución, un país y su futuro.

full-javier-rodriguez-febles
twitterpinterestlinkedinmail

Podría pensarse que la juventud de Javier Rodríguez Febles es un freno a su elocuencia y la certeza que transmite al hablar. Podría, si se juzga bajo la mirada de los que consideran que la experiencia solo se adquiere con el tiempo vivido. Hay algo de cierto en esa sentencia, pero no es absoluta. Porque, a sus 26 años de edad y sus dos de trayectoria laboral como profesor en la Universidad de Ciego de Ávila Máximo Gómez Báez, explica, aporta ideas, va a las interioridades, cuando le pido que dialoguemos sobre la Constitución y toda la reforma que, ahora mismo, acontece en Cuba.

Invasor quiso conocer algunos criterios de un profesional que se dedique a indagar en el mundo del derecho constitucional, para compartir con sus lectores preguntas y respuestas en torno a la Carta Magna de la República y el peso crucial de todo lo que con ella sucede en la Isla, no solo por su presente, sino, sobre todo, por su futuro.

— Mucho se hace referencia, principalmente por estas fechas, a lo que representa la Constitución para un país. No obstante, a veces no se logra comprender toda su magnitud.

— La Constitución es el documento jurídico-político más importante de una nación. Es el espacio donde se asientan sus bases, donde se instituye el poder, las figuras, órganos de dirección del Estado y se legitima su trabajo, estableciendo los límites de su actuación en cualquier esfera del derecho y del ejercicio social. Es la guía jurídica y política de un estado.

“Erróneamente creemos que todo debe estar allí, pero, en esencia, el texto debe contener lo importante, lo relevante, las pautas. Se compone por normas, principios, valores y reglas de carácter general. No va a lo específico de un ente individual, sino que regula lo colectivo. Necesita de normas de desarrollo de inferior jerarquía que lo complementen, que digan el cómo se puede hacer lo que se establece constitucionalmente.

“Cada cubano no puede tener una Constitución independiente. El momento de debatir, de proponer, ya pasó en la consulta popular. Ahora toca apoyar, ir a las urnas para votar. Aunque no traiga aspectos que se han planteado de manera individual, es un documento superior al que tenemos actualmente.”

— ¿Qué acontece en esta segunda etapa de la reforma?

— Después del debate popular, un proceso sin precedentes en el país y en la región, a partir de las estadísticas que se procesaron para analizar los planteamientos, la comisión redactora hará modificaciones. En la Asamblea Nacional se vuelve a discutir el anteproyecto y se aprueba el documento final, para darlo a conocer a la población y que el 24 de febrero vaya a decidir si es ese el Proyecto de Constitución que quiere para los próximos años.

“Después de que la Constitución resultante entre en vigor, tienen que venir una serie de cambios en un paquete normativo que se reajuste a las nuevas disposiciones, como ya había mencionado.”

— Y esa novedad que se atribuye al anteproyecto, mirándolo desde la óptica de alguien entendido en materia de derecho, ¿a qué se debe?

— Establece un conjunto de esencias de las cuales carecía la anterior, por ejemplo, un refuerzo significativo al derecho a la defensa; institución constitucional al debido proceso, así como la declaración de derechos de participación como el de instar a reformas constitucionales.

“También propone transformaciones sustanciales en los derechos económicos y sociales: igualdad, la no discriminación por varios factores, posibilidad de recurrir a los tribunales de justicia ante la vulneración de los derechos; cambios en la estructura del Estado, diferenciación de funciones, la instauración de la Comisión electoral como órgano permanente, la desaparición de las Asambleas Provinciales del Poder Popular y la creación de un Consejo Provincial.

“Este anteproyecto es un documento superior al que tenemos actualmente. Los elementos que lo conforman permiten aseverar que está dentro de lo más avanzado en el llamado nuevo constitucionalismo latinoamericano.”

— Ubicándolo en tu contexto laboral, ¿cómo ha servido todo este proceso para llevarlo a tus clases, que forman a los nuevos profesionales del Derecho en la provincia?

— Prácticamente ha sido dar dos programas en uno. Es decir, explicar cómo estaba todo lo relacionado con la institución constitucional en el texto vigente y cómo se maneja en el anteproyecto. Comparar, encontrar los saltos, según el punto de vista constitucional, desde lo que está a lo que pudiera quedar. Los estudiantes también hacen aportes, comparten sus experiencias luego de participar en la etapa de la consulta popular, sugieren.

“Ayuda mucho para llevar al aula como profesor los conocimientos que adquiero en la Maestría en Derecho Constitucional y Administrativo que curso en la Universidad de La Habana, donde recibo clases de profesores que han estado asesorando desde lo jurídico esta reforma, y lo que allí socializamos es muy interesante.”

Javier también considera que es fundamental encontrar mejores vías para fomentar la cultura cívica de la población, desde enseñanzas tempranas en las escuelas y de forma autodidacta, según los intereses particulares de cada cual. Eso sería una de las maneras de garantizar una participación mucho más consciente cuando se habla del documento más importante de un país.

 Tomado de Invasor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*