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El verbo de Shakespeare y el pensamiento de Martí: La geografía del alma de un profesor uniqueño

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¡CRÓNICA UNIQUEÑA !

«El aula, Martí y la Patria»

El aire en el aula huele a tiza, a tiempo detenido y a papel envejecido. En el pizarrón, las letras en inglés se mezclan con citas en español, trazos de un mismo hombre que, durante más de cinco décadas, ha hecho de la enseñanza no un oficio, sino una geografía del alma. Es el profesor Eddy Esteban Naranjo León, y su vida es un mapa dibujado entre el verbo de Shakespeare y el pensamiento de Martí.

Todo comenzó en 1966, en las aulas vibrantes de la Educación Media Superior Sancti Spíritus Allí, un joven profesor llevaba bajo el brazo dos mundos aparentemente distantes: la precisión del idioma inglés y las vastas preguntas de la Filosofía. Era como si, desde el principio, Eddy supiera que para entender a la humanidad había que escucharla en sus múltiples voces y cuestionarla en sus fundamentos. Sus primeras clases no fueron solo lecciones; fueron puentes.

Pero fue en los años 80 cuando su rumbo académico encontró su norte emocional. La obra de José Martí, el Apóstol, el poeta de la independencia y la dignidad, cruzó su camino como un río caudaloso. No se limitó a estudiarlo; se unió al Seminario Juvenil Martiano, espacio donde las ideas del héroe dejaban de ser bronce y se convertían en carne, en debate, en proyecto vital. Martí ya no era solo una figura histórica; era el compañero de viaje en cada clase, la brújula moral, la razón profunda de por qué enseñar era un acto de amor a la patria.

Su salón en la otrora Universidad de Ciencias Pedagógicas se transformó entonces. Las clases de Filosofía y Economía Política empezaron a dialogar con los versos sencillos. Los conceptos filosóficos se iluminaban con la ética martiana. Quienes pasaron por sus bancos aprendieron que “ser cultos es el único modo de ser libres” no era una frase para enmarcar, sino un verbo para conjugar en primera persona, en presente continuo.

Su pasión trascendió las paredes universitarias. La Sociedad Cultural José Martí reconoció en él a un alma gemela, un divulgador de fuego quieto. Lo invitó a eventos científicos internacionales, donde el profesor de provincia, con su modestia serena y su profundidad convicta, compartió su visión: cómo Martí puede y debe ser el centro de un diálogo universal sobre la justicia, la educación y la soberanía de los pueblos. En esos foros, su voz no era fuerte, pero era clara; y su claridad, cargada de un sentimiento auténtico, resonaba.

Hoy, cuando el sol de la tarde se cuela por las ventanas de su aula en la Universidad de Ciego de Ávila Máximo Gómez Báez se puede ver a Eddy Esteban repasar sus notas, las mismas que han acumulado el polvo de miles de días y la savia de una entrega absoluta. Sus manos, que en 1966 sujetaron por primera vez un libro de texto, ahora señalan, con paciencia infinita, el camino hacia un ideario que une naciones y forja conciencias.

Su crónica no está escrita en piedra, sino en la mirada de quienes lo escuchan. Es la historia de un hombre que comenzó enseñando palabras y terminó iluminando sentidos; que encontró en Martí no un tema de estudio, sino el corazón de su magisterio. En cada estudiante que piensa con cabeza propia y siente con patria adentro, allí sigue, indetenible, la clase eterna del profesor Naranjo León.

¡Gracias Eddy por tus enseñanzas!

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