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San Valentín ¿un santo con suerte?

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Es bueno ir a las delicias de las leyendas y mitos en torno al suceso, cuando no a la historia, pues aportan un encanto que anima a muchas personas, desde los de una tierna edad hasta los que hace rato peinan canas. El amor es invencible.

Tampoco en este año raro y peculiar –sin entrar en tristes honduras- pasará por alto el tradicional Día de los Enamorados, llamado hoy también con más tino …Del Amor y la Amistad, el siempre bien recibido San Valentín con que se festeja en casi todo el mundo el archi famoso 14 de febrero, impulsado desde el siglo XX por los favorables alisios del consumismo, que ahora soplan más parsimoniosos.

Pero soplan, se dirá usted, y esa es una realidad que hay que asumir en lo justo, tratando de que no focalice las ansias y preocupaciones de los corazones y opaque una celebración, en la cual la fuerza del amor y de los mejores sentimientos deben resplandecer por encima de todo.

También es bueno ir a las delicias de las leyendas y mitos en torno al suceso, cuando no a la historia, pues aportan un encanto que anima a muchas personas, desde los de una tierna edad hasta los que hace rato peinan canas. El amor es invencible.

Las leyendas

Una de las historias más seductoras es la que habla del joven sacerdote cristiano Valentín, residente en la Roma siglo III, cuando gobernaba el emperador Claudio II, el Gótico, quien había impuesto una ley prohibiendo el matrimonio a aquellos varones en edad de ser alistados al servicio de las huestes del ejército.

Eran leyes inapelables, cuyo incumplimiento se castigaba de manera bárbara. Aun así hubo enamorados que insuflados por la fuerza poderosa del amor, desafiaron el dictamen, y encontraron en Valentín un decidido colaborador a la causa de los sentimientos. Sin dudarlo se atrevía a celebrar en secreto las nupcias de los ardientes y más impacientes amantes.

Imaginan bien, aquello no tuvo un final feliz. Al ser descubierto el desacato, Valentín fue confinado a una mazmorra y mientas esperaba sentencia, fue retado por el oficial que le servía de carcelero a devolverle la visión a su hija Julia, ciega de nacimiento.

Valentín miró a la joven e invocó a Dios. Se obró el milagro: la bella Julia recuperó la visión y de paso nació entre los dos jóvenes un amor puro e inapagable. Desde entonces el padre de la joven, su familia y por supuesto, la amada, se convirtieron al cristianismo.

El milagro no salvó a valentín

Sin embargo, aquel hecho milagroso no salvó a Valentín de una muerte horrible, bajo lapidación y decapitación, ejecutada el 14 de febrero de 269.

Fue enterrado en las afueras de Roma, en lo que después se conoció como la Vía Flaminia o Puerta de San Valentín. Dicen que inmediatamente después de su muerte comenzó a crecer la leyenda de aquel mártir, patrón de los enamorados, y su tumba fue un lugar de agradecida peregrinación en la Edad Media.

Con el paso del tiempo, cuentan que la propia Iglesia reconoció un lugar al generoso Valentín y que el Papa Gelasio I en el año 494 declaró que el 14 de febrero era el día de su martirio.

Pero en 1969, después del Concilio del Vaticano II, el Papa Pablo VI borró a Valentín del calendario de santos católicos, por las dudas acerca del origen pagano de su historia…

Sin embargo, aunque sin santo oficial, la leyenda siguió su curso tranquilo en las consejas, poemas románticos y en las menciones cada vez más frecuentes que se hacían de él entre los enamorados.

Cuentan que los amantes ingleses usaban la dedicatoria: “De tu Valentín” para despedirse en sus cartas o mensajes de amor.

Pasado el tiempo, el siglo XX fue decisivo junto con la internacionalización del consumismo y estilos de vida de un lado y otro. Hoy es normal ver a japoneses y chinos celebrando a su manera el San Valentín. Otra tela para cortar.

Más hipótesis

Pero hay más hipótesis acerca del origen del hermoso Día de los Enamorados o del Amor y la Amistad.

Se le atribuye su nacimiento con más antigüedad aún y algunos estiman que surgieron en los festejos romanos del 15 de febrero, llamadas lupercales o lupercalias, fiestas paganas muy vinculadas a la atracción sexual y a la pasión, con ciertas prácticas vinculadas a la naturaleza que tal vez hubieran herido el decoro de los románticos posteriores del siglo XIX.

Otros lo vinculan a las festividades nombradas juno Februata, en las que los participantes encontraban parejas ocasionales por sorteo –un simple nombre escrito en un papel-. Lo sorprendente es que muchos hallaron a los consortes que los acompañaron toda la vida mediante ese método tan trivial y picante. Eso, al menos, dice la leyenda…

Tomado de la Revista Bohemia

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